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¿Qué es el Cristianismo?

Quizás la forma más fácil de entender que es en realidad el cristianismo es aclarar lo que es y lo que no lo es.

El cristianismo no es realmente una religión.  Aunque eso puedan decir los diccionarios, y aunque las personas de distintas religiones vean al cristianismo como una religión más de entre la multitud.  Entonces, el cristianismo en realidad no es una religión.  Por lo menos no desde un punto de vista bíblico.  La religión, cualquier religión, es simplemente el esfuerzo que el hombre hace para tratar de alcanzar a Dios.

El cristianismo no es tampoco un estilo de vida.  Aunque algunas religiones orientales promueven la idea de que sus filosofías no son religiones, sino que son simplemente estilos de vida.  El cristianismo no es tampoco solamente un estilo de vida.  La idea puede parecer muy atractiva, pero eso sería una explicación demasiado simplista pues, aunque si es verdad que los cristianos estamos llamados a ser santos, eso tampoco significa ser perfectos, sino ser separados para Dios.

Dios toma la iniciativa

Cristo es el cristianismo

Entonces, ¿Qué es el cristianismo?

El cristianismo es el esfuerzo que Dios hace para acercarnos a Él.  Esfuerzo que hizo a través de Jesucristo (1 Pedro 3:18).  El que abrió el camino al cielo (Juan 1:51).  El único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5).

Aunque en tiempos antiguos, Dios se manifestó a través de los patriarcas, jueces y profetas; en tiempos postreros Dios se reveló después a través de Jesucristo (Hebreos 1, 1-2).  En cierta forma, si antes existía tal cosa como una “religión verdadera,” se podría argüir que tal religión verdadera era el judaísmo.  Esto es porque Dios se revelo primero a través de Abraham, quien es considerado el padre de los judíos.

Entonces, Dios se presentó primero a Abraham, y le prometió no solo un heredero, sino también una bendición especial a través de tal heredero (a través de tal simiente”); una bendición excepcional que incluiría también a todas las naciones de la tierra (Génesis 22:18).  Así, Dios bendice a Abraham a través de un heredero, Isaac, a pesar las edades avanzadas de él y de su esposa, Sara, quien era además estéril (Génesis 21).

Después, para probar la lealtad de Abraham, Dios manda a sacrificar a su hijo Isaac (Génesis 22); lo cual Abraham con mucha tristeza acede a hacerlo.  Pero en el último momento, Dios le impide hacer tal cosa, y sustituye tal sacrificio con un carnero (v. 13).

Jesús es Dios

Dios no permitió a Abraham a sacrificar a su hijo.  Sin embargo, siglos después Dios mismo sacrifica a su propio Hijo Unigénito, por amor al mundo.  Esto es algo que conmueve a todos los padres; especialmente aquellos que tenemos hijos únicos.

Sin embargo, para Dios, por su gran amor al mundo, este sería el único sacrifico que sería capaz de salvar a toda la humanidad, de todos los tiempos, del pecado — aquella ofensa contra Dios cuya consecuencia es la muerte (cf. Génesis 2:16-17).  No había otra forma de salvar al mundo.  Tenía que ser su propio Hijo.  No había nadie que fuera lo suficientemente digno, ni en los cielos, ni en la tierra, ni debajo de la tierra (Apocalipsis 5:2-6).  Tenía que ser el Verbo, el Dios hecho carne (Juan 1:14).

Por eso, cuando el Señor habla por medio de Isaías sobre el Mesías, Dios mismo describe al Cristo como “Dios Fuerte” y “Padre Eterno” (Isaías 9:6), uno que sería semejante a “Hijo de Hombre” (Daniel 7:13); es decir, el Mesías seria Dios y seria a la vez un Ser Humano.  Las Escrituras estaban hablando, por supuesto, de Jesucristo, el Verbo hecho hombre; el “varón” revelado en el Nuevo Testamento (cf. Juan 1:1,14,30); el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29).

El Cristianismo Cristocéntrico

El cristianismo es Cristo

De esta manera, Dios se esfuerza en alcanzar al hombre, primero por medio de los profetas y después por medio de su propio Hijo Unigénito, Cristo Jesús, y ahora manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan (Hechos 17:30).

Las religiones del mundo, desde el comienzo de la creación, trataron de alcanzar a Dios a su propia manera.  Y en su incapacidad para hacerlo, crearon imágenes de piedra, barro y madera en la forma de los seres que los rodeaban: las aves del cielo, las bestias del campo, y algunas veces, crearon inclusive dioses de formas hibridas, es decir, parte humanos y parte animales.

Pero Dios ha provisto que, antes del fin de los tiempos, todas las civilizaciones de la tierra habrán escuchado de Jesús.   No habrá pues ninguna excusa para no adorar al Único y Verdadero Dios de toda la creación: El Todopoderoso que se manifesto por Cristo Jesús.  Los primeros cristianos reconocieron esto, y por esto obviamente a los primeros seguidores de Cristo en Hechos se les llamo así: cristianos (Hechos 11:26).

Cristo, siendo Dios mismo, es entonces el único camino a Dios Padre (Juan 14:6).  “El camino” fue el primer término que se usó para describir al cristianismo. (Hechos 9:2; 19:9; 19:23; 22:4).

Por consecuencia, Cristo es el cristianismo, y el Cristianismo es Cristo.

La Ética Bíblica Cristiana: La Imagen de Cristo y la Conducta del Creyente

A diferencia de los demás sistemas morales, la ética bíblica cristiana no se centra solamente en la naturaleza del ser humano y en su comportamiento apropiado para con los demás.  La ética cristiana también se enfoca en la naturaleza moral de Dios, quien, por medio de su bendito Espíritu Santo, busca perfeccionar la imagen de Cristo en el ser humano, afectando su comunión para con Dios y su comportamiento para con los demás.

La imagen de Dios en el hombre

Aunque al comienzo el hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26, 9:6), algo paso con esa imagen después de la caída de Adán y Eva.  Si bien es cierto que esta imagen no desapareció por completo o fue dañada de una forma irreparable, si fue afectada de alguna forma u otra por el pecado.  Es decir, el ser humano todavía contiene ciertos elementos de tal imagen como para tomar una decisión positiva al llamado de Cristo en su vida (Giles, 55).  Aun entre aquellos quienes nunca han escuchado el Mensaje de Salvación, hay todavía en ellos cierto mecanismo de discernimiento, el cual opera por medio de sus conciencias, para poder distinguir el bien del mal (Lacueva, 46; Romanos 2:14–15).

La imagen de Cristo en nosotros

La imagen de Dios en nosotros puede ser perfeccionada por medio de la obra redentora de Cristo, quien nos enseñó a imitarlo (Mateo 11:29; 1 Juan 2:6), para poder así poder resplandecer más claramente la imagen de Cristo en nosotros (Romanos 8:29; 2 Corintios 3:18).  Sin embargo, si somos como espejos llenos de lodo, no vamos a poder reflejar la luz del sol en nosotros (comparar Mateo 5:14 y Juan 8:12), pues, aunque todo lo bueno procede de arriba, del “Padre de las luces” (Santiago 1:17), un testimonio hablado es efectivo solo cuando nuestras acciones reflejan nuestras palabras, y por eso nuestros valores cristianos se manifiestan por medio de nuestras acciones benignas con respecto a todos, especialmente con los más necesitados (Santiago 1:27 en versiones DHH, NBD, NBLH, etc.; cf. 1 Timoteo 6:14 y Judas 1:12,24).

Entendemos, entonces, que después de la Caída, la imagen de Dios en el ser humano se “oscureció y deterioro” (Lacueva, 115), y que desde allí “…el hombre debe reencontrar su norma en la voluntad de Dios, conforme Él la ha revelado” (Lacueva, 140).  Las preguntas que nosotros debemos de tratar de contestar son entonces ¿Cómo debe funcionar la imagen de Dios en nosotros?  En otras palabras, ¿Cuáles son las características morales de Dios que debemos de imitar?

Como debe operar la imagen de Cristo en el ser humano

Administración con responsabilidad

La Biblia menciona los pasos específicos que podemos tomar para lograr renovar la imagen de Dios en nosotros, y aquí podríamos empezar con la primera responsabilidad que Dios le dio al hombre aun antes de caer en pecado, es decir, la de señorear sobre la tierra con justicia (Génesis 1:26).  Hoy en día, esta responsabilidad incluye evidentemente la buena mayordomía con respecto al cuidado del planeta, el respeto hacia el medio ambiente, la ayuda a los pobres y necesitados aun cuando estos vivan en otros países, pero todo esto es algo que podemos hacer sin tener que trabajar con aquellos elementos seculares quienes podrían tener agendas mixtas (cf. Giles, 316; Charisma News).

La santidad

También debemos de incluir la santidad de Dios como una característica divina que se puede y debe imitar.  San Pedro, por ejemplo, nos recuerda un importante mandato del Antiguo Testamento que lo relaciona con Jesucristo: “…porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16, RVR1960; Criswell, 1766a) pues sabemos que fuimos rescatados o comprados de la esclavitud del pecado con “la sangre preciosa de Cristo” quien fue a su vez como un “cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19, RVR1960; Criswell, 1766b).

La conciencia

La imagen divina de Cristo también puede operar en nosotros por medio de un sistema de discernimiento moral que funciona por medio de la conciencia, aquella facultad inherente al ser humano, que gobierna nuestras acciones e impone un código ético que se puede desarrollar bajo diferentes influencias ambientales y culturales (Romanos 2:15; Giles, 190).  Más aún cuando tenemos una “conciencia instruida,” está también nos va a servir como norma de conducta apropiada (Lacueva, Lección 14 en p. 100), y se logra por medio de la conversión para servir “al Dios vivo” (Hebreos 9:14).

Comportamiento y toma de decisiones

La sangre bendita de Jesucristo, derramada por nosotros en el Calvario, nos purifica de nuestros pecados, y así Dios nos declara limpios ante su presencia.  De allí, la obra santificadora del Espíritu Santo continúa obrando en nosotros, en nuestro diario comportamiento y toma de decisiones.  El nuevo estado de una conciencia purificada no significa que vamos a perder nuestra conciencia innata, sino que más bien vamos a continuar teniendo este mismo don de discernimiento, para poder escoger el bien y rechazar el mal; pero ahora nuestros sentimientos van a ser más puros, vamos a ser más honestos con nosotros mismos, algo que un corazón no redimido teme profundamente hacer (Kendall, 230).

El libre albedrio

Por último, el libre albedrio es una cuarta característica divina que Dios puede utilizar, por medio de su bendito Espíritu Santo, para pulir la imagen gloriosa de Cristo en nosotros (Giles, 192).  Se define libre albedrio como la capacidad del ser humano para poder de elegir y tomar sus propias decisiones (Génesis 2:16-17; Proverbios 1:29; Marcos 8:34; Juan 1:12, 3:16).  Aunque Dios no nos ha creado como robots para obedecerle automáticamente, también es verdad que en nuestro estado original de depravación nosotros no podemos escoger sin que haya primero directa intervención divina (Juan 6:44, 6:65).

El primer paso es siempre la conversión

Entonces, solo cuando el Padre nos quita las vendas que cubren nuestros ojos, allí recién vamos a poder ver la luz y tener la capacidad de escoger el camino a seguir (Salmos 32:8; Juan 8:12).  Es mi convicción que Dios, por su Omnisciencia, sabe de antemano quien va a tomar la decisión correcta y quien no; aun así, creo que Cristo murió por todos, aunque es evidente también que no todos van a aceptar esa salvación inmerecida.  Lo importante es saber que Dios es amor, y que Él si quiere que todos se salven (Ezequiel 18:32; Juan 3:16; 1 Timoteo 2:4).

La voluntad de Dios.

Cuando uno acepta voluntariamente la oferta de salvación por medio de Cristo Jesús, Dios comienza a obrar en nosotros por medio del Espíritu Santo.  Esta obra es importante porque como seres humanos nosotros necesitamos tener ese sentido de dirección y propósito que solo el Señor nos lo puede brindar (Salmos 143:8-10).  Tiene que haber en nosotros entonces una predisposición a querer cumplir la voluntad de Dios.

Lo importante no es solo conocer la voluntad de Dios (Ef. 1: 9; 5: 17; Col 1: 9,10), sino también hacerla (Salmos 40:8; Mateo 6:10; 7: 21; Lucas 12:41-48; Juan 7: 17; Efesios 6:6; Santiago 1:22-25).  Además, debemos de notar que hay una diferencia entre “conocer” y “saber” la voluntad de Dios.  La Biblia menciona ambas, pero siempre enfatiza el “hacer” la voluntad de Dios (Juan 4: 34 y como citamos ya antes Mt. 6:10, 7: 21; Jn. 7: 17; Ef. 6: 6).  Saber es solo una función mental, pero conocer se obtiene solo por experiencia, en el diario caminar con el Señor, a la hora de tomar la cruz para seguir el camino angosto.  Si, es verdad, “Nosotros tendemos a querer conocer la voluntad de Dios antes que hacerla, pero Dios quiere que andemos con Él, aprender a andar como Él anduvo” (Goff, 1-2, 4-5; cf. Romanos 12:2).

Carlos Chapa

Si desea citar este artículo (Chicago/Turabian):

Carlos Chapa, "La Ética Bíblica Cristiana: La Imagen de Cristo y la Conducta del Creyente," Cristianismo.CC. Visitado el 21 septiembre, 2017, http://cristianismo.cc/mensajes-cristianos/la-etica-biblica-cristiana-la-imagen-cristo-la-conducta-humana/.

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Notas:


W. A. Criswell, Paige Patterson, E. Ray Clendenen, et al., eds., Holy Bible – Baptist Study Edition NKJV (Santa Biblia – Edición de Estudio Bautista NKJV). (Nashville: Thomas Nelson, 1991). Comentario original (1 Peter 1:13-16): “The believer’s living hope, based on his new birth, should lead to: (1) practical obedience and (2) growth in holiness. Holy living is motivated by a God-fearing faith that does not presume upon the redemption that was purchased at so great a cost (vv. 18, 19).” Comentario original (1 Peter 1:18-19): “‘Conduct’ refers to our ‘manner of life.’ The term ‘redeemed’ is a word generally used for the purchase of slaves with money. Such corruptible resources, however, did not purchase salvation. The cost of human ransom from the slavery of sin was the honored and precious blood of Christ (cf. Heb. 9:14, note, on the atonement).” 


James E. Giles, Bases Bíblicas de la Ética (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2010).


Guillermo Goff “Caminando en la Voluntad de Dios: Presuposiciones Fundamentales.” Presentación PowerPoint de clase, La Biblia y Los Asuntos Éticos en el Southwestern Baptist Theological Seminary (Seminario Teológico Bautista del Suroeste), Fort Worth, TX, 18 de julio del 2016.


R. T. Kendall, Understanding Theology, Volume Three (Entendiendo Teología, Volumen Tres) (Ross-shire, Great Britain: Christian Focus, 2001), p. 230. Comentario original: “This means total honesty with ourselves, something the unregenerate (unconverted) man is afraid to do.”


Francisco Lacueva, Ética Cristiana, vol. X, Curso de Formación Teológica Evangélica (Viladecavalls, Barcelona: Editorial CLIE, 1975).


Michael Snyder, “Did the United Nations Just Introduce a New World Order?” (¿Acaba de Presentar las Naciones Unidas un Nuevo Orden Mundial?),” Charisma News. Visitado el 1 de agosto, 2016. http://www.charismanews.com/opinion/52333-did-the-united-nations-just-introduce-a-new-world-order.

En Defensa de la Santa Trinidad: Nuevo Testamento (Parte 3)

Páginas: [1] [2] [3]

Continuamos con nuestra serie de ensayos sobre la Santa Trinidad.  Como muchos de Uds. sabrán, el concepto de la Santa Trinidad no se encuentra limitado en las Escrituras Hebreas.  Estas evidencias también se encuentran ampliamente en el Nuevo Testamento con la venida de Jesús de Nazaret: el “Dios con Nosotros” del Antiguo Testamento (Mateo 1:20-23).

El bautismo del Señor Jesús

Ya desde el mismo comienzo del ministerio de nuestro Señor Jesucristo, durante su bautizo en el rio Jordán, por ejemplo, San Marcos nos relata como Juan el Bautista vio que el Espíritu de Dios descendió sobre el Hijo (en la forma de una paloma) y que después se escuchó la voz de Dios Padre “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Marcos 1:9-11).

Entonces, en el acontecimiento que teóricamente se podría decir marco el comienzo del ministerio de Jesús en la tierra, su bautizo, las tres Personas de la Bendita Trinidad estaban ya allí presentes: En aquella tarde Dios Padre ungió al Hijo con el bendito Espíritu Santo.

La Gran Comisión

Otro relato importantísimo con respecto a la doctrina trinitaria se encuentra también en la conclusión del Evangelio Según San Mateo.  Allí se relata el último y quizás el más importante mandato que el Señor Jesús dio a sus discípulos sobre el evangelismo; es decir, de ir a predicar a todas las naciones del mundo.  Esto fue un mandamiento que (dicho sea de paso) el Señor mandó no solo a sus once discípulos que estaban allí presentes en ese momento, sino también a todos los que iban a ser sus discípulos a través de los siglos (ver mejor todo Mateo 28: 16-20 en contexto):

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Aparte de la clara declaración trinitaria (“bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”), creo que también podemos sacar de aquí un par de lecciones adicionales acerca de la naturaleza divina de nuestro Señor Jesucristo.

Jesucristo resucitara y juzgara a toda la humanidad

Primero noten que Cristo dijo “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (versículo 18), la cual es evidentemente una declaración muy fuerte de por sí, pues testifica de su autoridad divina en todo el universo.  El Señor también ya antes les había dicho a los apóstoles que Él no solo iba a resucitar a todos los muertos del mundo, sino que también Jesús iba a juzgar a toda la humanidad; esto incluiría a todos los hombres, mujeres y niños de todos los tiempos, de todas las naciones del mundo (Juan 5: 19-29).

La Omnipresencia de Jesús

Además, noten también que cuando el Señor dijo que “…he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (regresando a Mateo 28:20), Jesús uso el tiempo presente en “estoy con vosotros.” En otras palabras, Jesús indicaba claramente que aunque Él se fue físicamente a los cielos, el Señor nunca abandono a sus discípulos espiritualmente.   El Señor siempre permaneció espiritualmente en la tierra, morando en el corazón de cada creyente, aun después de que el Señor Jesús subió al cielo en carne y huesos.

De una forma análoga, cuando Cristo vino del cielo y tomo la forma de hombre, Él nunca dejo de estar en el cielo en Espíritu, debido a su Omnipresencia.  Evidencias de esta última declaración tan impresionante la encontramos en la noche en que el Señor se reunió con Nicodemo.  Allí Cristo le expuso a este líder fariseo otra de las doctrinas esenciales en el cristianismo histórico: La necesidad de nacer de nuevo.

Durante ese pequeño discurso (leer también Jesús y Nicodemo), el Señor también le dijo que “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo” (Juan 3: 13).  Lo importante aquí es notar el tiempo presente de la frase “…que está en el cielo.”  No que “estuvo” en el cielo sino que “está” en el cielo, aun en los tiempos que Jesús estaba aquí físicamente en la tierra, como fue el caso de esa oportunidad cuando este señor fariseo vino a buscar a Jesús de noche.

En otras palabras, cuando el Señor bajo del cielo, Él permaneció espiritualmente en el cielo; y después de su resurrección, cuando Jesús regreso al cielo, Él también permaneció espiritualmente en el corazón de cada creyente (por medio del Espíritu Santo después del día de Pentecostés de Hechos 2).  Inclusive antes de la venida física de Jesucristo a la tierra, San Pedro mismo nos dice que el “Espíritu de Cristo” ya había inspirado a muchos profetas del Antiguo Testamento a escribir sobre Jesús (1 Pedro 1:11).  Estos hechos testifican que aunque el Señor tubo limitaciones físicas al hacerse hombre (estando en un solo lugar cuando estuvo en carne y huesos), espiritualmente Jesús también es Omnipresente, cualidad que se atribuye solo a Dios.

Otras evidencias de su Omnipresencia la podemos encontrar en Juan 1: 48 donde el Señor Jesús vio a Natanael debajo de la higuera a pesar de no haber estado físicamente allí en ese momento.  Aunque algunos podrían pensar de que Jesús si estuvo allí presente, eso no explicaría el hecho de que Natanael se asombro de tal forma de que exclamo: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios” (versículo 49).

Los ángeles adoran al tres veces Santo

Podemos también mencionar el conocimiento intrínseco de los ángeles de Dios a su Creador, seres que se referían a Dios no solo como tres Personas, sino también como un solo Señor a la vez.

Primero (regresando por un momento al Antiguo Testamento), vemos a los serafines de seis alas que exclaman: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos” (Isaías 6: 3).  Esta misma escena se repite también en el Nuevo Testamento, en donde aparentemente estos mismos seres con seis alas y muchos ojos también alaban al Señor nuevamente y de la misma manera: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 4:8).  En estos dos casos últimos casos, estos ángeles alaban al Señor llamándolo tres veces santo, y después se refieren a Él como un solo Dios (primero como “Jehová de los ejércitos” y después como “Señor Dios Todopoderoso”).

La Santa Trinidad en la salutación final de San Pablo

Hay también otros pasajes en el Nuevo Testamento en donde se testifica indirectamente de la Santa Trinidad.  En 2 Corintios 13:14, por ejemplo, San Pablo escribe en su salutación final: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.”  Aquí San Pablo habla también del amor de Dios padre, quien manda a su Hijo Unigénito para salvarnos por medio de la gracia y consolarnos por medio de la comunión y consolación del bendito Espíritu de Dios. Son todas diferentes funciones, pero Dios siempre es el mismo.

La Santa Trinidad después de la Resurrección de Cristo

Similarmente en Juan 15:26, cuando Cristo estaba instruyendo a sus discípulos a lo que iba a pasar después de su gloriosa muerte, el Señor Jesús menciona:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” [subrayado por énfasis].

De estas palabras también aprendemos que el Espíritu Santo procede del Padre y que eventualmente sería enviado por el Hijo para dar testimonio de las cosas que Jesús nos enseñó cuando estuvo en la tierra.

El Espíritu Santo como un “Él”

Este último versículo también nos va a servir para introducir a otro tópico importante dentro del contexto de la doctrina de la Santísima Trinidad: La Persona del bendito Espíritu de Dios, llamado también en el Nuevo Testamento el Espíritu Santo o el Consolador.

Yo creo que cualquier persona sincera que lea Juan  15: 26 se daría cuenta de que el Señor Jesús se está refiriendo al Espíritu Santo como una Persona (un “él” que en el castellano moderno se escribe como “Él”), pues es en verdad el Espíritu Santo es también Dios, la tercera Persona de la Santa Trinidad.

Ejemplo de secta que degrada a la Persona del Espíritu Santo: Los Testigos de Jehová

Sin embargo, siempre van a ver aquellos que van a tratar de desafiar este concepto convencional dentro de lo que es el cristianismo histórico para tratar de poner el peligro de la fe, si fuera posible, aun de los escogidos.  Por eso, nuestro estudio de la doctrina trinitaria seria incompleta si esta no incluye cierta evaluación básica de por lo menos uno de los dogmas alternativos que ha tratado de encontrar una explicación disyuntiva a lo que Dios ha establecido claramente acerca de su propia persona.

Creo que cuando hablamos de dogmas opositoras a la doctrina trinitaria, lo primero que se nos viene a la mente a la mayoría de nosotros son los Testigos de Jehová, quienes llaman al Espíritu Santo algo así como un tipo de fuerza o energía que emana de Dios:

“…el espíritu santo es la fuerza active de Dios.  No es una persona sino una fuerza poderosa que Dios hace emanar de Él mismo para lograr su santo propósito.”1

Primero noten la falta de reverencia al llamar al bendito Espíritu de Dios solo un “espíritu santo” (con letras minúsculas) precisamente porque para los Testigos, el Espíritu Santo no es una Persona, es decir, no es Dios, sino que para ellos es solo una fuerza o una energía (tal como el viento, la electricidad, o a energía nuclear).

Para defender su doctrina, los Testigos arguyen de que el Espíritu Santo es más bien una “personificación” de Dios2 y típicamente mencionan algunas citas bíblicas tales como Lucas 7:35, en donde dice que la sabiduría tiene hijos; Génesis 4:10, donde dice que la sangre clama; o Romanos 7:11, en donde dice que el pecado mata.

Sin embargo, estos son conceptos abstractos que los autores de las Sagradas Escrituras sabían que no iban a confundir a los lectores en tiempos bíblicos.  No obstante, en términos de literatura moderna, nosotros estamos menos acostumbrados a leer personificaciones de ideas o conceptos abstractos, un hecho que los Testigos perspicazmente han utilizado para construir doctrinas perversas.

La Biblia habla claramente del Espíritu Santo como Persona y como Dios

Sin embargo, aun en nuestros días podemos notar que cuando en la Biblia se habla del Espíritu Santo, se refiere o habla claramente de una Persona Divina, es decir de Dios mismo, la Tercera Persona en la Santa Trinidad.  Las citas bíblicas son innumerables, pero déjenme por favor mencionar solo algunos versículos para ilustrar este hecho que era prácticamente indisputable por muchos siglos.

En Hechos 5: 3-5, por ejemplo, se menciona la triste historia cuando Ananías trato de engañar a San Pedro substraendo dinero de una casa que Ananías había vendido por voluntad propia:

3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?

4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.

5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.

Aquí vemos primero que Ananías trato de mentir al Espíritu Santo (versículo 3) y sin embargo después leemos que había mentido Dios mismo (versículo 4).  Estos versículos demuestran claramente que el Espíritu Santo es Dios.  Así de simple.  No hay necesidad de darle vueltas al asunto o de buscar respuestas filosóficas o esotéricas a un texto que realmente no presenta inherentemente ningún desafío de interpretación, al menos que uno realmente quiera mal interpretar el pasaje a propósito.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: Todos a la vez moran en corazón del creyente

Podemos regresar también al Capítulo 14 de San Juan por un momento para encontrar más evidencias acerca de la persona y divinidad del bendito Espíritu Santo.   Para esto (y como siempre) sugiero leer todo el Capitulo 14 en contexto (dicho sea de paso este es unos de los capítulos más hermosos de la Biblia).  Sin embargo, por motivos de simplicidad, solamente voy a mencionar los versículos más relevantes para demostrar que el Espíritu Santo es una Persona, y que a la vez, es también Dios.

Recordemos entonces lo que el Señor Jesucristo dijo en aquella oportunidad:

16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:

17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros….

22 Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?

23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él….

26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Creo que en este caso también, las palabras de Jesús son bastante claras y evidentes.  El Señor dice primero en el versículo 17 que el Espíritu Santo “mora con vosotros” y que “estará en vosotros”  (es decir en el corazón de todos los discípulos de Cristo), y después Jesucristo añade que Él mismo y el Padre moraran en aquel que guarda la palabra de Dios (versículo 23).

Creo que el veredicto está bastante claro en los oídos de aquel que sinceramente y con la ayuda de Dios quiere entender.

¿Cómo es eso de que el Padre, Jesús, y el Consolador moraran todos juntos en el corazón del creyente?  Porque el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios que a la vez se manifiesta en tres personas distintas.  El Padre manda al Espíritu Santo en el nombre de Jesús para consolar al creyente.

Más evidencias bíblicas acerca de la Trinidad

Realmente no creo que necesitemos más versículos o pasajes bíblicos para darnos cuenta de que el Espíritu Santo es una persona divina, y que mora junto con el Padre y el Hijo, y que es consecuentemente también Dios.  Pero en caso de que el lector no está plenamente convencido y sobre todo convertido (lo más certero es que esto se deba a su conexión con alguna de estas sectas que niegan la doctrina trinitaria), he incluido al final de este ensayo algunos versículos adicionales que le permitirán ver por sí mismo (o por misma) que el Espíritu Santo no puede ser ninguna fuerza o energía.3

También he añadido un enlace a otro ensayo del pastor bautista Pablo Santomauro en donde él también explica muy claramente porque el Espíritu Santo no puede ser simplemente la fuerza activa de Dios.  Las razones son también muy lógicas: Una “fuerza” no puede tener los tres atributos primarios de la personalidad que son la mente, la voluntad y las emociones.4  

Realmente hay mucho material en el Internet que habla sobre el Espíritu Santo y la Santa Trinidad, pero no todo lo que parece ser cristiano es realmente cristiano (como dice ese antiguo proverbio “no todo lo que brilla es oro”), y por eso es necesario recordar que el mismo Espíritu Santo que inspiro a todos los autores de la Biblia nos advirtió también que en los tiempos finales habrán muchos falsos profetas que trataran de engañar aun si fuese posible a los escogidos (Mateo 24: 24).

Guardando reverencia y respeto al Espíritu Santo

Por último, uno siempre tiene que tener cuidado cuando uno habla de Dios.  Puede ser que quizás por ignorancia, al sacar conclusiones preliminares propias o (como acontece mucho más a menudo) al aceptar las opiniones de otras sectas o religiones, uno podría estar degradando la persona de Dios mismo.

Acordémonos que fue Jesucristo mismo el que dijo que el pecado imperdonable era el blasfemar contra el Espíritu Santo (Marcos 3:22-30). Aunque este pasaje bíblico presenta sus propios desafíos de interpretación (y analizarlo aquí nos obligaría a salirnos del tópico principal5), lo que uno debe siempre de recordar es que a Dios uno siempre tiene que tenerle reverencia y respeto.

Sé que esta última declaración le podría parecer innecesaria (para todo aquel que se profese ser un seguidor de Cristo), pero creo que es tan importante que se merece correr ese riesgo.

Dios es el Creador del Universo y nosotros nos tenemos que acordar siempre que somos solo polvo.  Dios no solo es el Omnipotente, el Omnisciente y el Omnipresente, es también un Dios de amor que se preocupa en Ud. personalmente, y que le sigue intensamente todas las acciones de su vida, y quien no titubeó en ningún momento mandar a su propio Hijo Único para que por medio de su muerte, al creen en Jesús, nosotros podamos encontrar la salvación (Juan 3: 16).

Pensamientos finales y conclusión

El misterio de la Santa Trinidad es uno de los dogmas más esenciales dentro de la fe cristiana.  Aunque es un término que no se encuentra específicamente en las Santas Escrituras, toda la Biblia habla y testifica de un solo Dios que se manifiesta en tres personas esencialmente iguales; es decir, iguales en esencia pero diferentes en función: Padre, Hijo, y Espíritu Santo.  No creo que es un concepto perfecto porque la mente humana es demasiado imperfecta como para comprender todos los misterios eternos de un Dios Omnipotente, pero aun así, soy de la opinión que el concepto trinitario es sin embargo el concepto más claro que nosotros como seres humanos podemos lograr a comprender con nuestro limitado entendimiento.

Pienso también que como seres humanos, nosotros tenemos que comprender y sobre todo tenemos que aceptar nuestras limitaciones y no tratar de ir más allá de lo que Dios ha escogido mostrarnos (especialmente no ir a fuentes extra bíblicas para encontrar información no revelada).  Recordemos que San Pablo mismo, a pesar de haber estado en el tercer Cielo (2 Corintios 12:2), él mismo nos dijo con toda humildad de que en parte conocemos y en parte testificamos (1 Corintios 13: 9).  Recordemos que las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, más las reveladas son para los creyentes, para que sirvamos siempre al Único y Verdadero Dios: Jehová de los Ejércitos (Deuteronomio 29:29).

Por último, el misterio de la Santa Trinidad seguirá siendo un gran misterio de amor de Dios para con nosotros, humanos imperfectos y con poder de razonamiento limitado, seres imperfectos que a pesar de ser pecadores, Dios mismo se encarno en forma de hombre para darnos la salvación eterna, y en este mundo la consolación del Espíritu de Verdad.  Creo entonces que por el momento será un misterio para nosotros porque en este mundo nunca vamos a tener un conocimiento total.  En parte conocemos y en parte testificamos, más cuando venga lo perfecto lo que es en parte se acabara:

E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:

Dios [Padre] fue manifestado en carne [Hijo], justificado en Espíritu [el Espíritu Santo]…” (1 Timoteo 3: 16)

Amén.

Si desea citar este artículo (Chicago/Turabian):

Carlos Chapa, "En Defensa de la Santa Trinidad: Nuevo Testamento (Parte 3)," Cristianismo.CC. Visitado el 21 septiembre, 2017, http://cristianismo.cc/mensajes-cristianos/en-defensa-de-la-santa-trinidad-el-nuevo-testamento-3-de-3/.

Notas:

1) Razonamiento de las Escrituras (Reasoning from the Scriptures [New York: 1985], 85), libro publicado por la organización Watch Tower de los Testigos de Jehová (en el inglés original): “…the holy spirit is the active force of God. It is not a person but is a powerful force that God causes to emanate from himself to accomplish his holy will”.


2) Ibid., 85.


3) Como siempre, recomiendo leer todas las citas bíblicas que yo u otros mencionan en contexto.  Sé que esta parece ser una tarea monumental, y lo es, pero es sin embargo es también necesaria.  La lista que presento a continuación demuestra que el Espíritu Santo es una persona divina, la tercera en la Santa Trinidad.  Esta lista no pretende ser en ningún momento exhaustiva, pero si más bien podría ser el comienzo de un largo recorrido en busca de la verdad:

El Espíritu Santo da testimonio (Juan 15: 26 y Romanos 8: 16); el Espíritu Santo guía a la Verdad (Juan 16: 13); el Espíritu Santo glorifica (Juan 16: 14); el Espíritu Santo dirige la evangelización (Hechos 16:6); el Espíritu Santo intercede (Romanos 8:26-27); el Espíritu Santo envía (Hechos 13:4); el Espíritu Santo toma decisiones en el seno de la Iglesia (Hechos 15:28 y Hechos 20:28); el Espíritu Santo provoca profecía (Hechos 11:27-28 y Hechos 21:11); el Espíritu Santo ordena (Hechos 11: 12 y Hechos 13:2); el Espíritu Santo da dones (1 Corintios 12:11); el Espíritu Santo revela (Lucas 2:26); y por último el Espíritu Santo habla frases enteras (Hechos 8: 29). 


4) Pablo Santomauro, “¿Es el Espíritu Santo una Persona?”  Enlace actualizado en Agosto 9th, 2016.


5) Si Ud. está interesado en aprender más acerca de la interpretación tradicional de este último pasaje en particular, podría leer quizás una de las interpretaciones más aceptadas (dentro de la fe cristiano evangélica) en el website del Ministerio GotQuestions.org: ¿Cuál es la blasfemia contra el Espíritu Santo?